

Otra vez eso de las "sevillanas maneras"
![]() Javier González-Cotta 21/03/2025 |
Como es sabido, ‘La guerra del fútbol’ es uno de los libros icónicos del reporterismo. Ryszard Kapuscinski, maestro polaco del género, lo escribió para explicar al mundo la insólita guerra que por culpa del fútbol, a partir de una eliminatoria de clasificación para el Mundial 1970, enfrentó a las naciones –nada hermanas– de El Salvador y Honduras. Aquello ocurrió muchísimo antes del “¡Viva Honduras!” del pésimo ministro Trillo y, por supuesto, del actual y repeinado presidente Nayib Bukele, ese justiciero y carcelero mayor de las maras salvadoreñas (lo llaman el dictador más ‘cool’ del mundo).
Me acuerdo de ‘La guerra del fútbol’ porque aquí, en la cuenta atrás del derbi sevillano, hay dos taifas, Nervión y Heliópolis, que ahora mismo ni se llevan ni conllevan. El Sevilla FC rompió relaciones unilateralmente por la causa ya por todos sabida (la artera denuncia de la directiva bética, la patochada del escudito y la reacción excitada en la planta noble-innoble del Sánchez-Pizjuán).
Nada recuerda a aquella otra sevillana guerra del fútbol, la del busto loperiano, con aquel divertidísimo episodio de guiñoles entre don Manuel y el señor Benavente del “Sí o sí”. Pero hoy la trifulca no tiene nada de divertido. Ni Ángel Haro ni Del Nido Carrasco están tocados por la levedad de la gracia. Ambos, al cabo, son hijos del fútbol trufado con algoritmos y redes sociales.
Tampoco José Luis Sanz, alcalde de Sevilla, es lo que se dice un hombre tocado por el tintineo de la gracia. Veo más complicidad risueña en los megalíticos pedruscos de Stonehenge, en Inglaterra, que en el marmóreo rostro del regidor. Aún así, el alcalde y confeso sevillista ha pedido concordia entre clubes y dice ser “optimista” cara a un posible abrazo de Vergara entre dirigentes.
Quedan días aún en la cuenta atrás del derbi. La espera se está haciendo tediosa por culpa del fútbol de selecciones. De modo que hay más tiempo para pensar y para argüir argumentos en pro de la paz entre las taifas. Y es aquí donde yo hallo el peligro. Desde la Guerra de los 30 años, casi todos los conflictos estallan en verano, que es tiempo laxo y de ocio perverso en el que los hombres, al relajarse, se aburren, piensan demasiado y siempre para mal. No estamos en verano y sí ahítos de lluvia y verdina de pies a cabeza. Pero que no haya Liga ahora es lo que hace que el derbi se dilate en la espera y que el personal empiece a perderse en pensamientos raros, abstrusos y, si me apuran, hasta siniestros.
Por eso vuelvo a escuchar ahora otra vez eso de que hay que apelar a la "sevillanía" y a las "sevillanas maneras" entre béticos y sevillistas. Otra vez, en fin, la dichosa palabrería de marras. Jamás he sabido en qué consiste la "sevillanía" ni qué mejunje obedece a esto otro de las “sevillanas maneras”. Cuando alguien apela al odioso cliché, a uno le entra un pronto de extrañeza súbita hacia la ciudad donde nació y ha vivido y aún vive (salvo precipitación no deseada hacia el acabose). Yo no sé ustedes, pero a mí me repele toda referencia al supuesto don de la “sevillanía” y a las supuestas artes confitadas de las “sevillanas maneras”.
Que se alcance una paz de mínimos entre las taifas bética y sevillista es deseable por civilizado. Pero si es apelando a la "sevillanía" y a las "buenas maneras", entonces sería deseable que la guerra fría, templada o caliente continuara. Más de una vez dan ganas de salir pitando de esta ciudad.